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METAMORFOSIS BLOGUERA

Los rollos entre Parménides y Heráclito: todo cambia o permanece estático. Escribiré más asiduamente en mi otra página Animal Político, dejando este espacio para reflexiones más meditadas, de modo tal que sin no ves post con frecuencia acá ello no significa que la página esté abandonada o algo parecido: se trata del factor tiempo . Lo cierto del asunto es que a diario soy estoy en Animal político, espacio más "rápido". Si tengo algún lector por ahí, le agradezco su comprensión.

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jueves, junio 21, 2007

Amigos de Chávez

Un columnista de Ultimas noticias (21-06-07)se preocupa por José Miguel Insulza, el Secretario General de la OEA, el mismo que con todo y sus tropiezos no ha querido ceder a las desvergonzadas presiones de la derecha latinoamericana y EEUU para descalificar a Venezuela. El columnista afirma, consternadamente, que hasta los mismos "círculos que dieron votos para su elección" lo consideran "timorato" (Raúl Hernández: "Nada humano me es ajeno", p. 60). Como prueba de que el hombre está en desgracia, arguye el columnista la decepción del ex presidente Ricardo Lagos y la presidenta Michelle Bachelet, chilenos ellos juntitos.
Yo digo para mí: ¿quiénes carajos son para sacar un perfil a través del acaecimiento de sus emociones? Ambos son políticos al viejo estilo, cuarto republicanos, digamos, destinados a la extinción si no comulgan con su pueblo a tiempo. Ya a Lagos se le salió su yo interior en tiempo pasado frente al presidente Chávez; esperamos ahora por la Bachelet, que sabemos que a duras penas no ha reventado en críticas contra el proceso de cambios que se opera en nuestro país. En cualquier rato salta el ratón. Ese socialismo que ella profesa, y que tanto celebra la derecha política mundial, parece ser el nuevo modo de postrarse ante el imperio. Véase cómo se han confundido las cosas. ¡Al pan vino al vino pan! ¡Fin de mundo, caballeros!
Soy franco: creo en materia de solidaridad política que vale más hasta reconocer unas declaraciones que diera recientemente el presidente Uribe: soy amigo de Chávez, y cuando he ido a los EEUU he dicho "no" ante las presiones que me hacen para atacarlo (¡!).
Es razonable: da más confianza confiar -valga la redundancia- más en personas que manifiestan sus sentimientos que en aquellas que se me mueven en los enigmáticos caminos del silencio o de las pocas palabras.
Timorato Insulza. Timorato porque no ha querido complacer a la jauría atacando a Venezuela desde el tan importante palco que regenta; timorato porque no ha atacado a Chávez; timorato porque no ha querido hacer partida abierta por quienes siempre han explotado al prójimo a través del vasallaje ideológico: los sangre azul, los doctos, los amos del valle, los colegiados, los blancos, los gringos, los apellidados, los fascistas, los primera clase, los plutócratas del mundo.
No digo que no ocurra, que el Secretario General, finalmente, termine cediendo a la presiones y se lance en una cruzada contra Venezuela. Pero se ha comedido hasta ahora, ha dado síntomas de comprender que en nuestras tierras latinoamericanas están soplando vientos de cambios, y ello impone una ética en honor a la verdad, que siempre florece.

martes, marzo 20, 2007

De la idolatría al imperio al lenguaje de la guerra




Cuando en 1.989 los EEUU decide invadir Panamá, a título de restauración democrática, este su servidor ya era una suerte de animalito pesimista que intuía conflagración en cualquier escenario que le resultase adverso a los nuevos caballeros del orden mundial, continuadores de la saga de los gentleman ingleses. Yo era un adolescente de los años ochenta que había asistido al curso intensivo del lenguaje cantiflesco diplomático pre-invasor que el imperio desplegaba por aquellos aciagos días momentos antes de desembarcar marines en cualquiera de los pobres países. No tenía la culpa de pensar de tal modo; aun sin quererlo, me había enseñado el imperio con sus agencias moldeadoras de la opinión pública. Ostentaba los tres diplomas de la década: lenguaje preintervencionesta con relación a Nicaragua (1981), lenguaje preintervencionista Filipinas (1985), lenguaje preintervencionista Libia (1986) y el ya dicho, Panamá. El alumnado del mundo asistía al evento de aquellas clases magistrales, sólo que en mi caso el efecto educativo del aquel berrinche semántico tenía un efecto contrario al que esperaba el discurso imperial: firmemente asimilé la convicción de que cuando el gobierno de los EEUU afirmaba que prefería el diálogo a la barbarie, es por que ya estaban próximos a efectuar una invasión.
Pero yo no le llamaba imperio de antemano, ni galimatías a su discurso diplomático, ni calificaba cantinflesco a sus gobernantes; no, no lo crean. Como todos, para mí eran los salvadores del mundo, los chicos buenos de la película que terminaban arrasando con las mujeres, los carros lujosos, mucho dinero y de paso salvando al mundo. Lejos estaba de aprender que detrás de la tramoya de una guerra -o de una amenaza de ella- se velaban deshumanizantes intereses económicos cuyas salvajes aristas, a su vez, se camuflaban detrás de las bondades semánticas de las palabras. Lo que pasó fue que sus hermanos, los ingleses, la pusieron bien puesta en el panel de mis preferencias fanáticas cuando decidieron humillar a nuestros queridos che por la cuestión de las Malvinas. Eso fue lo que pasó, aunque de todos modos dudo que de no ser por ellos, los ingleses, yo ahora siguiera considerando a los gringos la obra maestra de la concepción natural. Sospecho que por mi propia evolución mental me habría dado cuenta de mi aberración. No había cabida para el "pagan justos por pecadores"; bagres de un mismo charco.
Entonces mi estómago se contrajo de indignación con el corolario que protagonizó el viejo imperio, cuando la "dama de hierro", Margaret Thatcher, se pavoneó en un buque de guerra recibiendo en su rostro un austral viento victorioso. Por cierto, en esa ocasión no perdieron los gringos la ocasión de dictar otro de sus memorables cursos de ambigüedad literaria: intentaban convencernos a través de "oportunas" declaraciones que los ingleses ingresaban a su patio trasero para hacer una guerra por la justicia y el bienestar panamericano, algo parecido a que si nos dejábamos matar viviríamos. No necesito aquejar mi espíritu re-sintiendo aquellas nociones de patriotismo, solidaridad y sacrificio que animó a muchos de otros países a ir a morir en el frente de la guerra; sensiblería romántica, dirían otros, dada mi edad, pero sentimientos al fin, digo yo. Lo notable para mí fue mi conversión de estúpido vasallo del Gran Imperio de los Nuevos Tiempos a receloso guerrillero del mal, para no decir que lo notable fue que había cumplido catorce años. ¡Qué patio trasero ni que ocho cuartos! Un amo defiende a sus esclavos -¿se dan cuenta del alcance de mi vasallaje?-, a menos que quiera venderlos, está claro. Estábamos solos en el mundo, los latino sureño americanos, ostentando la valiosa presea de patio trasero-cagadero de los gringos.
Ciento once civiles murieron en Libia en 1986, aparentemente por causa de la palabra "perro", o para ser más exactos (y honestos), "perro rabioso", aplicadas por el coronel Gadafi a Reagan, horas antes del bombardeo. Reagan, a la sazón presidente de los EEUU, decía tener pruebas de la actividad promotora de terrorismo de Libia y sobre la responsabilidad de Gadafi en el atentado con bomba contra la discoteca La Belle en Berlín Occidental, diez días antes. Pero de acuerdo con suspicacias y la inteligencia de personas y entidades europeas "todavía tienen dudas acerca de las 'pruebas' ofrecidas por Washington para demostrar que Libia estaba detrás del atentado contra la discoteca de Berlín Occidental", aunque la BBC, a veinte años del suceso, monte su show mediático y de suyo sesgado: sin mucho disimulo parecieran querernos inducir a pensar que el dolor de Aishah, hija de Gadafi, conmemorado el 15-04-06, debería ser más bien un motivo de alegría y de conciertos para el mundo justo y progresista. Quitemos, pues, las causales, las "pruebas" esgrimidas por el imperio, las cuales huelen demasiado a Irak, y nos quedaremos, como les dije, con el par de palabras: perro rabioso. Se comprenderá a esta altura del cuento que hasta el más furibundo fanático corre el peligro de empezar a pensar, mirando cómo la apelmazada máscara de su idolatrado dios lame el polvo de la tierra, mostrando llagas. Algo parecido al desencanto de muchos jóvenes respecto de sus ídolos contemporáneos, quienes no pueden ocultar sus adicciones y pasan su vida recibiendo tratamientos. Y yo soy un humano, no una excepción.
Y yo, ahora, a más de "animalito pesimista que [intuye] conflagración en cualquier escenario que le [resulte] adverso a los nuevos caballeros del orden mundial", soy una bestia que rumia palabras imperiosas como intereses, valor estratégico, supremacía, justicia, antiterrorismo, guerra preventiva, daños colaterales, inmunidad militar, globalización, democracia, petróleo, para mi desasosiego de espíritu. Estoy en la certeza de que el imperio, y todos los imperios habidos, no son más que una pandilla de familias potentadas con el creído poder de sojuzgar a los más débiles para perpetuar su poder económico. Desde hace tiempo que EEUU habla galimatías, invade, destruye, asesina, para, finalmente, cobrar con sus trasnacionales la reconstrucción misma de las víctimas, si es que no les exigen pagos de guerra por no haberles permitido una más rápida victoria. Naturalmente, todo esto es un arte del trabajo de la palabra, del lenguaje internacional que es la diplomacia, que suele pronunciarse en oficinas, embajadas, frente a cámaras de TV y otros medios, sin escuchar el ruido de las explosiones en el campo de batalla. Podríamos titularlo algo así como Oda pura del puro cinismo puro.
Yo me perdí los posteriores cursos: Haití (1.994), Afganistán (2.001), Irak (2.003); y ahora dado que Irán es quien está en el ojo del huracán, y dado que en días pasados leí un comunicado del Departamento de Estado donde EEUU afirmaba que son respetuoso del sistema legal internacional (es decir, sus quebrantadores), y que lo último que harían sería utilizar la fuerza (o sea, lo primero), y que la ONU es la gran rectora (es decir, los payasos en su circo); yo no necesito ser un sesudo analista de esos de la TV proimperialista para no concluir que la invasión de Irán debe ser cuestión de horas. Sentí en mi corazón viejos temores y re-vieron mis ojos viejas visiones. Ese país debe ser en lo más breve sometido, bombardeado y destruido para luego llegar allí con las empresas reconstructoras de Dick Cheney ( por mencionar la punta del iceberg y al verdadero mandamás del gobierno estadounidense) y apoderarse de una zona estratégica para el tránsito del petróleo mundial, de unas grandes reservas petrolíferas y unos grandes territorios, parteros de historia. (Arrestado y sometido por la fuerza, como diría nuestro Escobar Salón refiriéndose al gobernador del Táchira en aquellos aciagos días de golpe de 2.002, Venezuela).
El imperio por el que se mueren muchos venezolanos, peruanos, colombianos, cubanos, mexicanos, sin gran conciencia histórica o con mucha de ella pero sin importarles, a la mar de cínicos, es un país y un intrincado sistema de intereses económicos y militares en el mundo que no dudarían ni por un segundo en exterminarlos hasta su raíz misma familiar si con ello obtuvieran el beneficio de evitar, por ejemplo, que pronunciaren la palabra perro, por poner un ejemplo absurdo. El real sueño americano para estos coterráneos sería el que jamás en su vida pasarán más allá de la significación de ser carne de cañon del sistema imperial, sea en el aspecto de la maquinaria militar o en el ámbito veleidoso de la cultura y la palabra gringas.
Podría continuar preguntándome si realmente en el mundo hay un país que sea soberano y libre con semejante máquina de destrucción masiva que son los EEUU. ¿Lo hay? ¿Hay alguno que está por serlo? Es peligroso, porque soberanía y libertad son nociones que no tardan en entrar en conflicto con los intereses del gran imperio; más temprano que tarde comprendería (o lo harían comprender a través de instancias internacionales ¿para que sirve la ONU?) que libertad y soberanía son la posibilidad cierta de ser dictatorial, traficante de drogas, enemigo de Israel, terrorista o comunista, todas causales de invasión estadounidense (ver Historia de las invasiones norteamericanas en el mundo...)

Enlaces bibliográficos:
Historia de las intervenciones norteamericanas en el mundo...
Etimología de gringo
Noam Chomsky: Terrorismo de Estado. El papel internacional de E.E.U.U., feb. 1990. Terrorismo internacional ¿qué remedio?
Libia: concierto por bombardeo

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jueves, noviembre 16, 2006

La movida de máscara del imperialismo estadounidense

No comprendo cómo es que se hace tanto escándalo por la derrota de los republicanos en las recientes elecciones de los EEUU, presumiéndose un cambio sustancial de actitud y concibiendo esperanzas más allá de la razón. Ningún imperio transige con su propia destrucción. Aplíquese una expresión que utilizó Abrahan Lincoln en un sentido diferente, ya refiriéndose a la confrontación norte-sur por el tema de la esclavitud, pero que si la halamos por los pelos cae de maravilla para definir el necesario carácter sistemático de la personalidad de un imperio: "Una casa dividida contra si, no puede sino caer".
¿Y quién quiere? Dígame usted.
Significa que no hay que llamarse a engaño sólo porque el monstruo cambió de posición para poner a descansar una de sus piernas. Es ingenuo. Los EEUU es un sistema imperial, con una mecánica interna funcional semejante a la predeterminación genética. No hay imperios buenos ni malos; hay una ley selvática de vida o muerte, donde el especímen intenta escapar mediante evolución a su condenabilidad circunstancial, si es que es depredado, o perpetuarse en su posición, si es que depradante. Vivimos en una sociedad netamente hipócrita maquillada en términos de lo que se ha dado en llamar arte de la diplomacia, que no es más que el medio de decirte que es normal que estés en una situación de víctima, por ejemplo, listo para ser engullido cuando te toque ejercer tu rol de presa dentro de la relación de la cadena alimenticia. Significa también que para los pueblos oprimidos del mundo los EEUU es una amenaza tal que hay que comprenderla en el contexto de la fundamental necesidad: necesidad que tengo yo de vivir, necesidad que tienen ellos de supervivir, con toda la connotación extrema que tiene la palabra.
No se cambiará el hábito de la explotación del gigante sólo porque gire o le hagan girar el cuerpo unos grados a la izquierda o derecha, como queda dicho. Pensar que tu mismo que lees esta líneas te vas a dejar morir de hambre sólo porque sientes piedad por el animal vivo es una pendejada. Ese país, o sistema, parece condenado una próxima desarticulación en la medida en que hace las veces de agujero negro interespacial: enormemente materialista, disuelve la materia en un afán de consumo que raya en lo insólito. No hay especies-alimentos que sobrevivan a semejante paso, más cuando su perfil genético está gestado en el espíritu tradicional de los imperios de depredar implacablemente los recursos naturales. La tierra es un cuerpo lleno de sangre con un mosquito succionante sobre su piel.
No queda, pues, más que reconocer nuestro nada alentador papel de ente surtidor, lo cual rebasa la indigna categoría de patio trasero que predica la Doctrina Monroe, misma que al menos nos confería el papelito de pequeños vecinos, pero papel al fin. No hablemos en ningún momento de esclavitud velada culturalmente. El asunto es que al ser un país surtidor se es porque se es surtidor, con todo lo que tiene de fuerza y violencia la definición. No creo que sea necesario invocar la cantidad de veces en que ese país ha demostrado su naturaleza para apuntalar el concepto depredante que manejamos. Urge, en fin, reconocer las cosas por su nombre si se pretende que la especie ejerza sobre sí un cambio.
No todo el discurso de estas líneas es pesimista: quien funge de deprador defiende un rol de privilegios y comodidades en que se ancla, tendiendo al estatismo; y quien es depredado procura el cambio. Hay la esperanza de la evolución en todos los países oprimidos del mundo, y es incuestionable que el modelo imperante mundialmente se agota, al mismo paso apresurado que la disponibilidad de recursos materiales.
Mi intelecto no especulará hacia qué vertierte se abisma el abigarrado modelo de sociedad que protagonizamos, mundialmente hablando, pero si se atreve a aseverar, en lo inmediato, que esas diversas máscaras que cambia el imperio de vez en cuando deben ser la base para la evolución de la que hablamos. Nuestros países deben estar ahí, pescando la circunstancia para la mutación.
Así, cuando los demócratas estadounidenses se proponen maquillar las barbaridades cometidas por los republicanos, no realizan ningún cambio sobre la definición de la bestia. Sólo se preocupan porque unos estúpidos sobrellevados por el afán de riqueza y guerra inmediato malogren la situación preponderante de su país en el mundo.
Sin embargo, un cambio de actitud es una movida de máscara como se vea, y tiene oportunidad, significado y consecuencia. Rápidamente nos sorprendemos como el nuevo discurso reparador del imperio, cuando por ejemplo, expone a unos de sus hombres fuertes como chivo expiatorio: Donald Rumsfeld es reclamado como criminal de guerra por instancias internacionales, por mencionar una puntita. Luego, más cerca, el nuevo discurso niega a Uribe la subscripción del indigno Tratado de Libre Comercio al que aspira, incurriendo el imperio en la contradicción de rechazar ahora lo que tanto pedía. Todo sea por la pervivencia del viejo sistema. El mismo Irán, el rico país de las apetencias imperialistas, se atrevió a poner condiciones para establecer un diálogo con los norteamericanos. Hay, en general, un aire de sublevación y crítica en el orbe mundial sólo por causa de los resultados de unas elecciones. Villepin, el primer ministro francés, volvio a levantar la voz para repetir el fracaso, la real imposibilidad de que los Estados Unidos de América pueda salir victorioso de Irak. Y en el espíritu de la idea darwiniana que manejamos, hay que dejar claro que Francia no hace más que defender su espacio como especie igualmente depredante.
Comparto la opinión de Eva Golinger en su artículo Cambio de Halcones (Los Papeles de mandinga, Caracas, del 14 al 20 de nov. de 2.006). Tanto el gobierno republicano como el demócrata son, convenientemente, el maquillaje discursivo de ellos mismo.
Por supuesto que, si de repercusiones hablamos, nuestro país no escapa a influjo de los vientos. En un primer escenario, la intolerante y antidemócrata oposición venezolana luce desguarnecida con un tío Sam en fuga; en un segundo, podría recibir el apoyo final, en el razonamiento que reza que quien se hunde no puede importarle ya a quien arrastra consigo ni a quien auxilia en aras de sus intereses. Ello se traduce en un grandísimo peligro para nosotros, los venezolanos, más cuanto quien ejerce la institucionalidad democrática en el país puntea con sobrada comodidad las encuestas, y lo que auguran las encuestas representa por un lado el debilitamiento en alguna medida del monstruo imperial, y por el otro, el fortalecimiento, evolución y mutación de una especie socio humana llamada Venezuela.
El mundo entero experimenta un cambio, y es cuestión de unos pocos años para que el statu quo mundial mude su correlación de fuerzas. No más dése un vistazo al tema del desarrollo de las armas nucleares, variable no controlada por el sistema imperial, principio y final del mismo arte de la hipócrita diplomacia de la que hemos hablado.

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